Aquí no hay un problema de conflicto generacional. Todo lo contrario. Se trata del negocio de Papá, de la familia y con eso no se juega.
Y el sentido de la responsabilidad de los gemelos Julio y Eduardo Jr. parece venir desde que eran unos niños de 10 años y ayudaban a su padre en el Supermercado Centro, entonces un negocio familiar.
“Trabajábamos acomodando productos en los anaqueles, la carnicería, la caja, en la limpieza y en lo que fuera necesario”, recordó Eduardo Jr.
Aquellos niños crecieron, se graduaron en la Universidad y hoy, a sus 33 años, son dos figuras claves en las actuales operaciones y estrategia de Dulcelandia, una empresa que vende piñatas y dulces mexicanos o, como gusta decir a su fundador, “un poco de nostalgia”.
Y nadie mejor que ellos para cargar sobre sus hombros con semejante reto. Los dos fueron testigos del lanzamiento de Importadora San José, la compañía que abrió su padre a principios de los 90 para comprar productos de México, y luego vieron nacer Dulcelandia y subir de estatura hasta tener hoy 8 tiendas en Chicago y suburbios.
Ya adultos, los hermanos escogieron sus respectivas carreras en DePaul University pensando en la mejor manera de dar su aporte a lo que tanto sudor ha costado a su padre. Eduardo Jr. se graduó de Mercadotecnia y Negocios Internacionales y Julio, logró una maestría en Administración de Empresa.
Luego cada hermano tomó un cuerno del toro: Eduardo Jr. es vicepresidente de Importadora San José que lidia con los agentes aduanales y las empresas transportadoras, mientras Julio es el vicepresidente de Operaciones de Dulcelandia.
“Muchos hijos piensan que solo ayudan a sus padres siendo un simple empleado del negocio, en lugar de verlo como propio”, dijo Julio.
La Expansión
Con el visto bueno de Papá, Eduardo Jr. y Julio buscan conquistar más territorios para la compañía asentada en Chicago.
“Una de las formas que estamos ideando es vender los derechos de ser Distribuidor Autorizado de la línea Dulcelandia. Ya tenemos presencia en Indianápolis, Wisconsin, Ohio Pensilvania y Houston”, dijo Eduardo Jr.
Pero para lograr la expansión era necesario poner en la órbita de los tiempos modernos. Y Julio se tomó este asunto tan en serio que hoy Dulcelandia está en Youtube con un video promocional, en Facebook, rediseña su página y se lanzó otra para la venta al mayoreo.
“La tecnología de hoy es una herramienta imprescindible. La ventaja de la juventud es ayudar en esta área a los padres que empezaron el negocio tiempo atrás. Es casi imposible tener éxito sin el uso de los adelantos tecnológicos”, apuntó Julio.
En un esfuerzo por impulsar las ventas al mayoreo a cadenas nacionales de distribuidores y mercados los jóvenes mandaron a diseñar un nuevo catálogo cambiaron el sistema de distribución de piñatas. “Ahora tienen con embalaje diferente, instructivos en español e inglés y el sello de Dulcelandia en la caja”, dijo Eduardo Jr.
La ofensiva de expansión ya le arroja los primeros resultados. “Hemos recibido pedidos hasta de Canadá para distribuir nuestros productos en varias ciudades de ese país”, dijo Julio.
Una cuestión hereditaria
Los gemelos parecen haber heredado de su padre el pragmatismo y la facultad de adaptarse a las circunstancias del momento.
Eduardo Rodríguez fundó San José Imports, Inc. a la sombra del Tratado de Libre Comercio para distribuir productos al mayoreo de México en Estados Unidos.
“Entonces buscamos algo que fuera atractivo. Después de una serie de estudios de mercado, nos percatamos que la industria de confitería era buena para hacer negocio”.
Sin embargo, una vez que comenzó la operación de México, las cosas no salieron como lo esperaba.
“Al principio fue difícil vender al por mayor, (los potenciales compradores) no reconocían el mercado. Nos dimos cuenta que era más fácil el método directo, considerando la sensibilidad del consumidor”, recordó.
De esta conclusión, surgió entonces la idea de Dulcelandia. La primera tienda fue abierta en la 5221 S. de la Kedzie y en una esquina de su interior puso productos de Halloween a lo mexicano. Luego colocó artículos alusivos al Día de los Muertos y a las Posadas.
“Era algo que marcaba el tiempo y los recuerdos… En realidad lo que yo vendo es nostalgia”, dijo.
Anualmente importa desde México alrededor de 100 camiones cada año con 45,000 libras cada uno. El 85 por ciento de los consumidores son latinos y un 15 por ciento no lo son. Este último grupo va en aumento.
En el rosto de Rodríguez se dibuja el orgullo de contar con dos hijos preparados, a quienes no deja de enseñar secretos de los negocios.
“Para lograr el éxito deben identificarse los factores que están a favor y tus debilidades. Después de esto trabajar un plan de negocio factible”, comentó.
Luego remata con una frase aprendida en su natal Durango, pero que quizás resulte la envidia de un académico de Harvard por su elocuencia: “A veces nos queremos comer el venado antes de matarlo”, resumió.





